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Dirección estratégica: Quiénes somos, de dónde venimos, y a dónde queremos ir.

En posts anteriores hemos visto que nuestras empresas existen porque generan valor, tanto para sus propietarios como para sus clientes, y en última instancia, de manera indirecta, para sus proveedores y empleados. Hemos relacionado la generación de valor con la ventaja competitiva que indiscutiblemente tienen los productos y servicios de esa empresa, y que es la responsable de que un determinado grupo de clientes los compre. Y hemos expuesto como mantener y aumentar esa ventaja, es función, a corto plazo, de los costes de las operaciones diarias, y a medio y largo plazo, de la inversión en proyectos de desarrollo.

Pero, llegado a este punto, tenemos que hacernos preguntas “trascendentales”: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Y a dónde queremos ir?

¿Sabemos hallar las respuestas?

 

QUIENES SOMOS:

O más bien, cuál es la identidad de nuestra empresa. Normalmente, en PYMEs y en STARTUPs, la respuesta tiene mucho que ver con el o los FUDADORES de la empresa, cual es o era su pasión y cuales sus VALORES. Estos Valores, cuanto más concretos, definidos y transparentes sean, más van a dotar de carácter propio a la organización, y en mayor medida van a poder calar y ser compartidos por sus componentes.

Esto último es muy importante, a la hora de lograr una coherencia de acción entre la empresa y sus integrantes:

  • Desde los inicios de la era industrial, los RR. HH. de las empresas estuvieron vinculados a una dirección por instrucciones, que propiciaban una baja implicación de los trabajadores,
  • Esto ha ido cambiando desde las últimas décadas del siglo XX, optando en muchas ocasiones por una dirección por objetivos, que ha generado una mayor implicación de los empleados y directivos, aunque con una participación marcada por un ansia de logro de los fines individuales, por encima de los de la compañía.
  • En los últimos años, se está tendiendo a una gestión por valores, en la que el compromiso mutuo entre la empresa y sus componentes se obtiene por la coincidencia de unos Valores compartidos, lo cual genera una mayor implicación en el logro de objetivos para la obtención de beneficios a todos los niveles: Organización, empleados, clientes, incluso población en general. (Teniendo en cuenta la RSC… Disculpad, me estoy apartando del tema, esto lo veremos en otro post…)

 

DE DÓNDE VENIMOS:

¿De dónde viene o cómo surge nuestra empresa? Nace y existe porque tiene una MISIÓN. Sabe hacer algo que atiende una necesidad y que genera el interés de los potenciales compradores. Es más, llevando a cabo su Misión, día a día, ofrece productos y/o servicios, con una determinada Ventaja Competitiva, que hace que sean elegidos por sus clientes, frente a otros similares de la competencia.

Identificando la misión de nuestra empresa, identificamos lo que hacemos bien, nuestras FORTALEZAS, y queda implícito aquello que no hacemos del todo bien, o que no hacemos, nuestras DEBILIDADES.

 

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A DÓNDE QUEREMOS IR:

Si queremos que nuestra empresa continúe viva y rentable, tenemos que averiguar a dónde nos conviene más dirigirla. Para ello, el concepto más comúnmente utilizado es el de la VISIÓN: En que queremos que se convierta nuestra empresa en el plazo de unos años.

En nuestra Visión, tendremos que considerar como punto de partida, nuestros Valores, y después, tanto las Fortalezas de las que disponemos, para cuidarlas, como aquellas Debilidades que pueden afectar al mantenimiento de nuestra Ventaja Competitiva.

Pero no solo eso. Tenemos que prever, a nivel de OPORTUNIDADES y AMENAZAS –o riesgos-, como va a evolucionar nuestro mercado, es decir, que van a demandar los clientes en el futuro y que tiene intención de ofrecerles nuestra competencia, incluso, yendo más allá… que oportunidades se pueden abrir en otros mercados.

Habiendo considerado todas estas variables, ya podemos establecer la Visión de futuro de nuestra empresa y cuáles son los OBJETIVOS ESTRATÉGICOS específicos a lograr para hacer que se haga realidad. Estos objetivos se tienen que recoger en el Plan Estratégico de la Empresa, con una vigencia determinada.

 

OBJETIVOS MEDIBLES Y PRIORIZACIÓN DE PLANES DE ACCIÓN.

Si hemos marcado unos objetivos, lo más importante y operativo es que estos sean medibles objetivamente, (valga la redundancia). De nada sirve, por ejemplo, decir “aumentar la facturación” o “reducir las mermas de material”, si ambos objetivos no van seguidos de un número y unas unidades o de un porcentaje referenciado a una magnitud determinada.

Si, ya se, algunos estaréis pensando que hay determinados objetivos que son difíciles que cuantificar, como por ejemplo, “Incrementar el fondo de comercio de la compañía”, pero al final, todo es cuantificable con un cierto grado de exactitud o certidumbre. De hecho, esta magnitud, un tanto intangible, es en muchas ocasiones tenida en cuenta para la valoración de una empresa.

Cuando los objetivos sean claros y medibles, estaremos en disposición de conocer si se logran totalmente, o en parte –y con qué grado de consecución- o si no se logran

El siguiente paso es establecer que PLANES DE ACCIÓN –o proyectos- son necesarios para lograrlos. Cuando hagamos un análisis de todos los posibles planes de acción, normalmente nos daremos cuenta de que tenemos más proyectos que recursos para invertir en ellos… Ha llegado el momento de priorizarlos para invertir del modo más efectivo y rentable. ¡Ah! Y teniendo en cuenta también cuales tienen mayor probabilidad de alcanzar el éxito…

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