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EL AGILISMO Y DOÑA MATILDE

A la fecha en la que escribo este post tendría la nada despreciable edad de 90 años. Por desgracia ya no está entre nosotros. Pero aunque indudablemente pertenecía a otra generación, con un sentimiento y un fervor religioso profundamente arraigado, mi madre no dejaba de ser una persona serenamente optimista y recalcitrantemente pragmática.

Los que me seguís, ya sabéis que para mí, esto de la gestión de proyectos no es otra cosa que el estudio en profundidad de cómo hacer las cosas para conseguir lo que te propongas. Y lo cierto es que en los últimos tiempos –años o décadas-, cada vez estamos viendo más corrientes de pensamiento dentro de este área del conocimiento, que proclaman a los cuatro vientos que en muchas ocasiones empezamos proyectos, sin saber muy bien lo que queremos, o como diría Doña Matilde, “…lo que más nos conviene”.

 

LA FE Y LA CONGELACIÓN DE REQUISITOS

Ella, siempre vivía preocupada por mantener viva la llama de la Fe en sus hijos, y la debería dejar un tanto intranquila el hecho de que cuando rezase, en ocasiones mis plegarias no pudiesen obtener su cumplida respuesta… Mi fe podía resquebrajarse.

Seguramente, la contundencia de su experiencia en la vida, con los años le confirió el convencimiento de que no siempre las cosas son como las habíamos pensado, y que incluso a veces, el mejor de los planes deja cosas imprevistas, y enfoques sin contemplar.

De algún modo era consciente que las rígidas expectativas que van unidas a cualquier deseo,  no impiden que en ocasiones, se desee cambiar posteriormente los requisitos iniciales. Y que un planteamiento de partida idealizado, propicie que algunos riesgos se materialicen, fastidiando el final… o que algunas oportunidades futuras, por inesperadas, puedan desaprovecharse.

Cuantas cosas hemos deseado que fueran de una  determinada manera, y cuando finalmente han sido como queríamos, no han resultado ser ni por asomo tan satisfactorias…

En pocas palabras, estaba convencida de que cualquier idea o plan de futuro, para cuya materialización exitosa rezaba, podía ocultar sorpresas que un planificador ser humano -y terrenal- no podía adivinar. O dicho de otro modo: ¿Quién era ella para dar por “congelados los requisitos” que debía reunir aquello que más quería o más necesitaba?

Hoy me doy cuenta, de que mi madre fue la primera “agilista” que conocí, pero ni ella lo sabía, ni yo tampoco.

Por eso siempre me daba el mismo consejo:

“Cuando reces, no pidas a Dios solo lo que tú quieras (en el Presente), pídele lo que más te convenga (en el Futuro)”.

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SU GESTIÓN ÁGIL, FUNDAMENTOS Y ROLES

Y con este consejo mataba 3 pájaros de un tiro:

  • Si las cosas salían a pedir de boca, era porque el deseo –proyecto- tenía un carácter plenamente predictivo, y los requisitos que determinaban el éxito del resultado , eran diáfanamente claros y recomendables.
  • Pero si las cosas no salían como había pedido, era porque yo, a priori, no había sido lo suficientemente sabio para conocer cuál era el alcance adecuado para mis deseos; que era lo que más me convenía.
  • Además, este razonamiento podría reforzar mi fe, por la posibilidad de que alguien como Dios, con una perspectiva más elevada, hiciese una labor más lúcida, marcándome unos requisitos distintos,  que teniendo en cuenta mi vida, serían mucho más lógicos para el éxito de conjunto, y no solo para la fase en curso, -aunque yo no fuese capaz de percibirlo-.

Y es que dejando a un lado el fervor religioso, la visión de mi madre tiene puntos en común con la base de la gestión ágil de proyectos:

  • Establecer unos objetivos, pero sin cerrar definitivamente los requisitos que los caracterizan.
  • Y esperar que el normal desarrollo del proyecto y sus acontecimientos, nos aporten suficiente luz para poder distinguir, cuáles son los más beneficiosos, y por lo tanto, cuáles han de ser tenidos en cuenta en el resultado final.

Creo que para mi madre, Dios era como una especie de Product Owner de mi vida… Ni si quiera ella se atribuía ese rol. Imagino que al menos ella me otorgaba el papel de Scrum Master. Incluso si lo pienso un poco, creo que ya ponía en práctica algunos puntos del Manifiesto Ágil… No hay que olvidar que mi madre se llamaba Matilde, como la de “las Telefónicas”. De antiguo le venía su relación con las “tecnológicas”. 😉

 

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Madre, se que te hubieras divertido con esta broma… Estés donde estés, espero que estés bien. Te quiero.

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