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Operaciones, proyectos y empresas

En nuestra empresa, dependiendo del sector en la que se ubique, las actividades que se desarrollan son específicas y tienen unas características propias. Cada una de ellas tiene una importancia dada, en función del valor que aporta a la compañía. Además, podemos encuadrarlas como parte del área de operaciones o del ámbito de proyectos realizados por la misma.

Vale, es verdad, quizá me he adelantado…

 

OPERACIONES VS. PROYECTOS

¿Qué se entiende por operaciones?

Una operación puede decirse que es la sucesión repetitiva de un grupo de actividades, encaminadas a la producción de un determinado número de productos o servicios.

Si nuestra empresa está dedicada a cualquier tipo de producción en serie –zapatos, textiles, automóviles, electrodomésticos, piezas de plástico, placas solares…- nos parecerá lógico decir que sus actividades están incluidas de lleno en el entorno de las operaciones.

¿Qué se entiende por proyectos?

Podríamos definir un proyecto como el conjunto de actividades, realizadas con la finalidad de producir un resultado, producto o servicio específico y único para la empresa.

Intuitivamente, parece evidente que si trabajamos en una constructora, una instaladora de redes eléctricas, una desarrolladora de software o un astillero naval, aseguraríamos que nuestra empresa solo se dedica a realizar tareas vinculadas a proyectos.

¿Esto implica que en las empresas del primer grupo no se desarrollan proyectos? ¿O que en las del segundo grupo no existen actividades relacionadas con las operaciones? Evidentemente no.

 

OPERACIONES Y PROYECTOS EN LAS EMPRESAS

En las empresas en las que el objeto de negocio es la realización de proyectos para terceros, se dan operaciones, mayoritariamente administrativas. Realizar la facturación mensual, o el mantenimiento de la maquinaria y medios auxiliares, o hacer las copias de seguridad semanales de todos los equipos informáticos, no son proyectos sino más bien operaciones periódicas, que la empresa necesita para mantener en marcha su actividad. Son operaciones que aportan valor facilitando la ejecución de los proyectos.

Por el contrario, las empresas que se dedican a la generación de grandes cantidades de productos o servicios, no solo se dedican a las operaciones… es más sin proyectos no podrían subsistir, aunque esta dependencia a veces no parezca tan clara.

Si lo pensamos detenidamente, en este tipo de empresas, se desarrollan diversas operaciones para fabricar y distribuir un artículo dado. Pero previamente a su lanzamiento y fabricación, se han tenido que desarrollar, -de manera más o menos consciente,- una serie de proyectos:

  • Investigación de mercado,
  • En ocasiones I+D+i,
  • Diseño estético y técnico,
  • Adaptación a la industrialización,
  • Diseño y configuración de la línea de producción,
  • Selección y formación de RR HH
  • Plan de comunicación y comercialización…

En el caso de estas empresas, el valor de las operaciones para el negocio es directamente comprensible. Sin operaciones, no hay nada que producir y ofrecer al cliente. Pero se puede afirmar que cada día más, sin proyectos, tampoco.

 

EL VALOR ESTRATÉGICO DE LOS PROYECTOS

Mucho han cambiado las cosas desde que Henry Ford, a principios del siglo XX, vendiera su modelo T con esta frase en su publicidad:

 

“El cliente puede elegir el color del coche siempre que éste sea negro”

 

1917 Ford Model T: In 1917 Ford introduced the first major redesign of the Model T. From the collections of The Henry Ford and Ford Motor Company. (04/21/08)

En la actualidad, desde el punto de vista empresarial, la creciente competitividad, la variabilidad de los mercados, la globalización de la competencia y la tendencia generalizada a la “customización” de productos y servicios, empuja a las organizaciones a mantener una actitud inquieta para evolucionar tecnológicamente y adoptar los cambios necesarios para innovar y mejorar.

En las empresas de éxito, porcentualmente cada vez tienen menos peso los costes derivados de las operaciones, en comparación con la importancia que adquieren los costes inherentes a proyectos estratégicos o de desarrollo empresarial, –los vinculados a la materialización de planes de cambio interno, nuevos productos, I+D+i, expansión, internacionalización, nuevas políticas de MKT…

Irónicamente, durante todo el siglo XX, la mayoría de las empresas se han focalizado en mejorar sus operaciones, pero no así sus proyectos. Y aunque la eficiencia en las operaciones es algo muy importante, hay un límite sobre cuanto queda ya por mejorar. Y no hay empresa que pueda subsistir solo mejorando sus operaciones.

Los proyectos, como se ha dicho, son motores de cambio que transforman las innovaciones desde una idea conceptual a la realidad. Pero también generan valor a través de los cambios, que hacen a las empresas más eficientes, más fuertes… mejores.

¿Te has preguntado cómo se gestionan los proyectos en tu empresa?

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